Mamá, cuéntame un cuento...

¿CÓMO LEER A NUESTROS HIJOS?

Estas palabras que reproduzco literalmente pertenecen a Paco Abril (turolense afincado en Gijón), escritor y contador de cuentos. Las he entresacado de un artículo  publicado en la revista CLIJ (Cuadernos de literatura Infantil y Juvenil), nº 243 del año 2011.

Mamá, cuéntame un cuento, pero, por favor, cuéntamelo con ganas”

“ Mamá, cuéntame un cuento con expresiones, vivéndolo” . Ese es el axioma básico del cómo contar: haciéndolo con ganas, con entusiasmo, con intensa disposición. Eso no quiere decir con aspavientos, gestos excesivos o dando énfasis a la voz…

Como conclusión de este esbozo teórico, me atrevo a extraer cinco características generales que los contadores, sean quienes sean, deberán aplicar para llegar a sus oyentes, sobre todo a los niños.

1.            En primerísimo lugar el contador es un escuchador. Es alguien, como decía Rodari, que dispone de una oreja verde capaz de oír aquello que los adultos nunca se paran a sentir. Es capaz de oír, sobre todo, “a los niños y a las niñas cuando cuentan cosas que a las orejas maduras les parecen misteriosas”. Es capaz de oír lo que los niños quieren, de verdad, sentir.

2.            Quien narra es un contador, no un actor ni un declamador. No está representado un papel. Por eso se centrará en lo que cuenta, y en que eso que cuenta suene verdadero. Y deben recordar que los niños y niñas quieren ficciones, no mentiras.

3.            Solo cuando se consiga la difícil sencillez de narrar sin alharacas, con el solo recurso de la palabra, podrá recurrir a usar elementos que considere oportunos para fortalecer sus relatos, nunca al revés.

4.            Su repertorio, que deberá sentir como propio, como si formara parte de su vida, se nutrirá de historias, de cuentos, de palabras que contengan el imprescindible ingrediente del “y de repente”. Ese principio activo dota a los relatos de aliento vital.

5.            Y, por último, el contador de cuentos debe poner la mejor disposición para relatar. Intentará seguir la difícil máxima de los payasos: “Aunque no tengas ganas, deberás salir a la pista con ganas, de lo contrario, no salgas”.

Ningún padre o maestro debería arredrarse a la hora de contar un cuento por miedo a no acertar.

¿POR QUÉ LEER A NUESTROS HIJOS?

Texto entresacado de “En voz alta” de Juan Farias, marinero y escritor. Juan Farias se definía a si mismo como un tipo flaco, con las orejas desabrochadas.

 

“Si algún día ocurre un cataclismo y todo se borra de la tierra, con que solo queden dos hombres, y un atardecer se encuentren en el camino, uno le contará al otro cómo logró cruzar las montañas y en ese punto, antes que la sociedad, empezará la literatura.

Enseñad a leer, os lo ruego. Un niño que sabe leer, siempre querrá ir más lejos, más adentro por el pensamiento y las geografías.

Preguntadle a un niño, a un adolescente, quién es, no quién fue, quién es John Silver el Largo y si no tenéis respuesta, entristeceos.

Un niño que no lee, que no sabe leer, se quedará sin un montón de amigos, crecerá con un vocabulario pobre, se comunicará mal, su geografía estará limitada, su tiempo no tendrá puntos de fuga hacia lo que fue o lo que pueda ser, no conocerá más que aquellos lugares, aquellas horas en las que haya puesto sus zapatos, será, por falta de imaginaciones, un hombre incompleto.

Leer, contribuir así al universo literario, nunca ha sido fácil.

Es un camino largo, con un principio de ingenuos asombros que después se irá abriendo poco a poco, sin prisas, sin que nunca sea una disciplina, siendo siempre una sensación lúdica, porque de otra forma no llegará a ser un vicio profundo.

Para hacer lectores, lo primero es olvidarse de la producción en cadena. El secreto para pescar está en los cebos y saber escoger el momento oportuno.

Enseñad a leer, por favor, enseñad a leer en los libros, en el viento, en los charcos de un día de lluvia, en el bosque y en la luz, enseñad a leer, os lo ruego, para que nadie crezca hasta la edad de la avaricia y el desamor.

La literatura infantil, sin trabas didácticas, la literatura juvenil, libre, río abajo, en una balsa, con Jim, o en la Española, navegando al Oeste, es el principio de algo más real que la educación.

La educación es una variable que baila según los tiempos que corren”.

NOTA: (John Silver el Largo, Jim y la Española aparecen en la novela  “La Isla del Tesoro” de Robert L. Stevenson)

PARA LOS PAPÁS MAS VIEJOS: Juan Farias fue guionista de la serie de televisión “Crónicas de un pueblo” (1972). Además nos dejó un buen puñado de hermosísimos libros.